AYUDA A LOS HÉROES DE SIRIA

Los Cascos Blancos: una historia de esperanza

Cuando caen las bombas, los Cascos Blancos (también conocidos como la Defensa Civil de Siria) entran en acción. En un lugar en el que los servicios públicos no funcionan, estos voluntarios humanitarios arriesgan sus vidas para ayudar a cualquiera que lo necesite, independiente de su religión o afiliación política. Reconocibles por sus distintivos cascos, los trabajadores de rescate operan en el lugar el más peligroso del planeta y han salvado más de 100.000 vidas en los últimos cinco años.

Habiendo sido anteriormente panaderos, sastres, ingenieros, farmacéuticos, pintores, carpinteros, estudiantes y otras tantas profesiones, los Cascos Blancos son voluntarios procedentes de todos los ámbitos de la vida. Muchos han pagado el precio más caro por su compasión: 252 han muerto ayudando a otros.

Los voluntarios salvan a personas de todos los bandos del conflicto: adhiriéndose al compromiso de los principios de "Humanidad, solidaridad e imparcialidad" según lo dispuesto por la ley humanitaria internacional. Este compromiso guía cada respuesta, cada acción, cada vida salvada, de forma que en una época de destrucción, todos los sirios tengan la esperanza de seguir con vida. Esta inspiradora labor les ha valido el reconocimiento a los niveles internacionales los más altos y han sido nominados tres veces para el Premio Nobel de la Paz.

El lema de los Cascos Blancos procede del Corán: "Salvar una vida es salvar a toda la humanidad". En un conflicto en el que demasiadas personas han elegido la violencia, los Cascos Blancos se despiertan cada día para salvar las vidas que otros están tratando de arrebatar por todos los medios.

"En cada misión, tengo el 50 % de posibilidades de sobrevivir y el 50 % de morir. Pero, al final, habré dejado mi huella. He salvado a niños que vivirán sus vidas y completarán nuestro futuro".
Rady, Casco Blanco

De la gente para la gente

Cuando la revolución pacífica de Siria avanzaba hacia el conflicto a finales de 2012, el gobierno sirio empezó a lanzar bombas en hogares y barrios de zonas que se hallaban fuera de su control. Estos ataques fueron las primeras explosiones de una guerra aérea sobre los civiles que conduciría a decenas de miles de muertes y millones de desplazados de sus hogares.

En las zonas atacadas, los servicios públicos ya no funcionan, así que se crearon grupos de voluntarios para prestar respuestas de emergencia en comunidades de toda Siria. Estos grupos organizados de forma independiente respondían a los gritos de los vecinos y amigos atrapados en los escombros. No contaban con equipo especializado ni formación y su único motor era su preocupación por la vida humana.

En marzo de 2013, algunos de estos equipos de voluntarios recibieron su primera formación en Turquía sobre la labor de "búsqueda y rescate urbano" de una organización formativa que se especializa en la respuesta a desastres naturales, como los terremotos. Con esta formación, los grupos se volvieron más organizados, establecieron centros de defensa civil y equipos especializados.

En 2014, ya había equipos en siete comisionados de toda Siria. En octubre de 2014, estos equipos votaron para crear una organización nacional, los Cascos Blancos (o la Defensa Civil de Siria) y prometieron su compromiso con varios valores y principios humanitarios internacionales según lo dispuesto por el Convenio de Ginebra.

Los Cascos Blancos se regulan por un Consejo de Liderazgo elegido democráticamente que representa a equipos de todo el país, liderado por Raed al Saleh, que era el antiguo líder de los Cascos Blancos en Idlib, en el norte de Siria.

La labor de los Cascos Blancos se ha ampliado en respuesta a las necesidades de las comunidades a las que apoyan: ahora prestan servicios esenciales a millones de personas. Su trabajo incluye la reparación de redes eléctricas, el mantenimiento de obras de alcantarillado, la limpieza de los escombros de las carreteras, la desactivación de bombas no detonadas, así como la formación de la comunidad y la preparación para ataques futuros.

Los Cascos Blancos se han alzado como héroes de las comunidades que apoyan. Su labor ha hecho lo que el mundo no ha logrado: recuperar la esperanza de personas que ahora saben que, en cualquier circunstancia, hay alguien ahí para darles ayuda.

"Matar personas es fácil, salvar vidas es difícil"
Mustafa, Casco Blanco

Las mujeres más valientes del mundo

Los Cascos Blancos han contado con voluntarias desde su creación: ahora hay 221 mujeres formadas en asistencia sanitaria y en labores ligeras de búsqueda y rescate.

Como sus homólogos masculinos, las mujeres integrantes de los Cascos Blancos empezaron realizando labores de búsqueda y rescate. Viendo las necesidades de sus comunidades, los equipos femeninos han ampliado ahora su labor para brindar asesoramiento en situaciones traumáticas, formación a la comunidad para ayudar a los niños y a las familias a prepararse para los ataques y recuperarse después, y en zonas en las que hay pocos servicios médicos, han abierto clínicas de maternidad para mujeres.

"Ayudo a civiles heridos todos los días sabiendo que esto le dará una vida mejor a mi hija y a mi país".
Fatima, Casco Blanco

Bajo ataque

Los Cascos Blancos están en la diana por atreverse a operar fuera del control del régimen sirio y mostrarle al mundo lo que pasa en Siria.

Sus datos y sus testimonios de testigos presenciales, así como las pruebas fotográficas, han sido fuentes vitales de información para las investigaciones internacionales sobre crímenes de guerra realizadas por la Comisión de Investigación de las Naciones Unidades, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas y los grupos de derechos humanos. Estos crímenes incluyen el uso de armas químicas, el castigo colectivo de civiles mediante hambrunas y asedios, y la fijación de hospitales y centros sanitarios como objetivos. Los instigadores de estos crímenes, el gobierno sirio y su aliado Rusia, están poniendo en la diana a los Cascos Blancos sobre el terreno y están intentando desacreditar su trabajo en Internet y en los medios.

252 voluntarios han muerto en acto de servicio desde 2013. Más de la mitad fallecieron en ataques "dobles" en los que los aviones de Rusia y del régimen sirio vuelven a la ubicación del bombardeo para acabar con los trabajadores de rescate. Sus centros y equipos de voluntarios han sido impactados por misiles, bombas de barril y bombas de artillería 238 veces en apenas 18 meses entre junio de 2016 y diciembre de 2017.

Como trabajadores humanitarios de la primera línea, se hallan protegidos por la legislación humanitaria internacional. Si bien trabajan exclusivamente en zonas fuera del control del gobierno, han salvado vidas de todos los bandos del conflicto, incluyendo las de soldados del gobierno.

También están sometidos a constantes ataques en Internet, tanto personales como a través de una campaña de desinformación y odio respaldada por Rusia y llevada a cabo por blogueros, bots y trolls. Esta guerra en línea está diseñada para crear dudas y confusión sobre los hechos sobre el terreno. En última instancia, estos esfuerzos por desacreditar el trabajo de los Cascos Blancos es opacar la realidad de los crímenes de guerra que están cometiendo Rusia y el régimen sirio.

Reconstruyendo Siria ladrillo a ladrillo

Los Cascos Blancos sueñan con poder dejar de sacar cadáveres de los escombros y una época en la que su querida Siria encuentre la paz. Cuando llegue ese día, los Cascos Blancos quieren tener su papel en la reconstrucción de una Siria en la que se respeten los derechos de todos.

Ya están haciendo frente a algunos de los restos más visibles de la guerra: las bombas no detonadas. Han formado a equipos que están limpiando las tierras de cultivo, para que los agricultores puedan empezar a cuidar los cultivos necesarios para alimentar a sus comunidades. Están rehabilitando colegios para que los niños puedan volver a aprender en un entorno seguro y las carreteras para que los desplazamientos diarios dejen de ser una cuestión de vida o muerte.

En un país en el que más de la mitad de la población se ha visto obligada a huir de sus hogares, los Cascos Blancos quieren ayudar a reconstruir estas casas y realojar a las familias que quieren retornar.

Los Cascos Blancos también seguirán prestando servicios esenciales, como el mantenimiento de las redes eléctricas, las obras de alcantarillado y los conductos de agua, mientras se lleva a cabo la labor generacional de restablecimiento de la provisión del estado. La tarea de reconstruir Siria no es solo física, se tardarán años en reunir a las comunidades y los Cascos Blancos quieren ayudar a tender esos puentes.

"Cuando oí el sonido de la excavadora de la Defensa Civil, empecé a sentir la esperanza de que podría sobrevivir. Lentamente, las piedras empezaron a moverse, roca a roca. Todo el peso empezó a aligerarse. Podía respirar y oír sus voces. Me resultaba difícil abrir los ojos, pero los abrí un poco y vi que llevaban cascos blancos. Me alegré muchísimos de haber salido de debajo de los escombros".
Hadi, civil rescatado en Aleppo

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